Redescubrí la sazón, el dulce y la sal, o el sabor agrio, de un plato cocinado “con todos los fierros”.
Descubrí diferentes sabores en esta navidad y año nuevo, por ejemplo: un sancocho con pollo desmechado delicioso; un rey ajiaco, que quedaría exquisito con una cucharadita de crema de leche (aunque a mi no me gusta la crema de leche); un dulce de panela hecho con cuchara de palo; la lechera, que entra tan hostigante, suave y blandita directico al cerebro y, un dulce de limón, tan extraño, tan dulcecito, pero tan ácido, que deja a tu paladar una degustación de otra galaxia.
Y todo esto lo redescubrí después de ir a Popayork.
Recordaba estas vacaciones, cuando tenia 8 años aproximadamente y se revelo ante mis ojos, la magnificencia del huevo con su hijo; un hecho extraño en el desayuno de un niño payanes. Mi padre traía de la finca cosechas de huevos con la yema roja y leche recién ordeñada para que desayunáramos en la casa. Aquella revelación del huevo con hijo, ese día, me pareció maravillosa… tanto, que lleve toda la cosecha de los huevos con hijos al colegio para estudiarlos en la clase de ciencia.
Igual, así se revelo ante mi la maravilla de dos escritores vivientes estas vacaciones. De esos escritores que venden sus palabras a la prensa, al cine y al lector, para vivir. Cada uno de ellos con sus hijos, hermosos, saludables, y cada uno de ellos, divorciado. Mas interesantes aun.
Uno era un guionista y poeta Sueco, de 37 años, vivía en Dinamarca y había crecido entre la nieve de los países nórdicos. El otro, un profesor historiador Colombiano de 30 años que vivía en Bogota y creció, por lo menos por un par de años, al lado de mi casa… y yo creyéndome tan grande, ni siquiera lo note.
Al Sueco lo conocí por que era un amigo de un amigo Europeo, que me dijo que vendría a Popayán por un par de días. Con El interactué, lo lleve y lo traje, y le mostré Popayán en todo su esplendor. Después, se fue y se convirtió en un episodio bonito de mi vida y en un buen amigo en Dinamarca, si algún día voy a congelarme por allá.
Al Colombiano, en cambio, no tuve el chance si no de hablarle por 35 minutos aproximadamente. Esto sucedio, en la mitad de mucho alcohol y una conversación colectiva, en la cual me sentía juzgada por 4 ojos coléricos que miraban desquiciados, por que entendían, en el lenguaje de las mujeres, que El me gustaba, pero sabían que no iba a hacer nada en ese momento.
Eran los ojos colericos de ella, su novia o amante, y los de la prima de ella, que miraban como un soporte, igualmente desquiciados.
Después, se convirtió en otro conocido mas de Facebook, de los 600 o 700 "amigos", por que así lo decidió.
No había sentido algo así, tan bonito, tan real, tan completamente cierto, desde hace mas de 10 años. Lo sentí aquella vez que descubrí los huevos con hijos, después en un par de ocasiones cuando conocí al pintor y a Andrés, y no había conocido a nadie que realmente me interesara desde ese tiempo.
Se que es triste, pero es que en mi vida he conocido a unos pocos, interesantes por algo mas, especiales, que se pueden contar con los dedos de mi mano izquierda. Esto no hace menos valiosos a personas que hicieron parte importante de mi vida, como mi exesposo.
Hace trece años por ejemplo, entre esos pocos interesantes, conocí al pintor, un esquizofrénico increíble, pero esquizofrénico en realidad, me dejo un par de cuadros y un par de esculturas que aun reposan en mi casa y de vez en cuando aparece a saludar; y hace doce años, aproximadamente, conocí a Andrés, el bajista drogadicto a quien ame con toda mi alma pero que tuve que dejar por las drogas. De El no se nada pero espero que este bien.
Mi única adicción era El.
Las vacaciones pasadas, reconocí el sabor de lo que es bueno, de lo que es un plato con todos los fierros, y ese sabor agridulce, delicioso, que deja en la boca el dulce de limón. Allí estaban ellos, el Colombiano y el Sueco, y aunque no tuve mucho que ver con ninguno y no compartí momentos representativos como si lo hice con Andrés y el pintor, hicieron vibrar mi alma y me mostraron que es posible encontrar a alguien que me llame la atención por compatibilidades mas allá de las físicas.
El Sueco, evidentemente tuve que olvidarlo, vive en Dinamarca, así que uno tendría que coger un bote en la costa, después de ir en mula y en chiva colectiva, y atravesar el océano atlántico y el mar báltico hasta llegar al otro lado, donde tomaría un bus nuevamente colectivo, o un eurorail o tren arrasador, y atravesaría tormentas de nieve, mares y playas, y mas tormentas de nieve, para llegar a su hogar en Copenhagen con caldera caliente y una visión por la ventana que lo dejaría a uno absorto de tanta belleza y blancura… sus hijos, iríamos a verlos después de la tormenta, a Estocolmo.
El Colombiano, tuve que olvidarlo… no tan evidentemente… pues nunca supe cual ruta seria la que habría de llevarme a su casa… podría vivir aquí al lado y yo nisiquiera me habría dado cuenta. Creo que aun esta entre volver y no volver con su exmujer y, teniendo razón en su pensamiento, volver seria la mejor opción para sus hijas. Si ha elegido a su novia o amante con ojos coléricos, quizás, seria lo mejor para sus hijas… Es una buena mujer, eso creo.
En realidad, lo único que podria ofrecer para impugnar esta afirmación, si estuvieramos en un juicio, aunque no estamos, es que esta soy yo, sin mas ni mas.
Una frase que me puso los pelos de punta, que oí ayer de un amigo periodista, es la siguente:
“Somos como el rio Cauca y el Magdalena, afluentes”.
Esa frase tan elegante para echar un piropo, es la misma que deja abierta la posibilidad de que muchos otros rios y riachuelos desembocaran en el Cauca y el Magdalena.
El punto es que ambos rios son geograficamente colombianos, ese es un limitante espacial que el autor de dicha frase da por sentado.
Ya... "the end of both stories"
Todo seria mas fácil si como antes, tuviera 14 o 15 años, y apenas estuviera empezando a conocer los olores y los sabores y el mundo en general, y me dejaran una rosa sin nombre en la entrada de mi casa, como si un ser del espacio maravillado conmigo, realizara dicha acción sin esperar consecuencias, mas que darme felicidad.
Ahora tengo 33 años, la vida ha pasado, poco a poco me voy envejeciendo, y ya no me dejan rosas en la entrada a mi casa y ya no me da felicidad el temor de no saber quien dejo la rosa...