Ahora, como antes con el Presidente de Cuba y de Honduras, estamos atentos observando el desenlace del mandato eterno del Presidente de Egipto.
Ahora, como antes con Fujimori, semejante líder, estamos al tanto de lo que sucederá con Álvaro Uribe –y lo digo completamente aturdida de la tristeza-.
Ahora, como antes… como siempre, reapareció Javi, tratando de revolcar mi universo.
Después de dos meses y medio de no hablar, dos meses y medio fundamentales para mi, donde paso navidad, mi cumpleaños y año nuevo, apareció a clamar su territorio conquistado, sin entender que por dentro habrían pasado mil revoluciones.
-Independencia!!!-
Afronto a una mujer completamente renovada y distinta, que cambio durante el ultimo año y medio, pero sobretodo en los últimos meses. Una mujer que supero su stroke y su divorcio, que no le teme a nada ni a nadie, que sabe que la vida no se acaba si falta alguien, si su salud cojea, o si no tiene un ingreso. Una mujer, -yo-, que siente que su amor infinito, resulto ser finito para su sobrevivencia y no hay nada que hacer para cambiarlo.
-Sin decir, que soy invensible- a veces... solo a veces...
Como reaccionara el mundo ante el querer de Mubarak de no bajarse del poder si no hasta Septiembre? Resistirán este sino?
Si?
No?
Como reaccionara el mundo ante el descubrimiento de cualquier falla de Uribe?
Será el nuevo Fujimori?
O el nuevo Samper?
Rueda que rueda y rueda, como un circulo imperecedero, como las corridas de toros a las que iba cuando era pequeña con mi padre. Esas que odie en una época de mi vida, y a las que regrese hace poco para ver al mejor rejoneador del mundo: “Pablo, el hermoso”.
Y es que yo dudaba de mi reacción… no sabía si me gustaría la escena sangrienta de la muerte del toro, o si mi corazón se aceleraría en agonía apasionada durante este evento.
Fue lindísimo comprender al final, que así es la vida, a veces tan cruel, pero siempre tan hermosa.
Así, paso a paso como el caballo angustiado, tan elegante y tan dinámico y tan aterrador; o como el toro enfurecido, tan devastante y tan cruel; o como el rejoneador “showman”, tan temeroso y tan arrogante; o como el publico, tan feliz, tan triste, tan eufórico, tan hermoso y tan animoso.
Así es la vida y “ole”.
Así… cómo me agrado el rejoneo de hace días, cómo lamente y goce cuatro horas de mi vida, cómo sentí regocijo, y cómo llore mis ojos.