Me ha conmovido considerablemente lo sucedido en Japón, tal y como me conmovió Armero, New Orleáns, Chile y Haití en su momento… Y todas las tragedias que han sucedido en este mundo ultimamente.
Es que un terremoto, un sunami, o una tragedia de esta magnitud, cambia la vida de cualquiera…
En 1983, yo tendría 6 años, cuando Popayán, mi ciudad, se derrumbo por un terremoto que dejo mas o menos 300 muertos, entre los cuales estaba la madre de unas amigas mías, las Mellizas XX, quien murió atrapada entre los bloques de los edificios de al lado de donde ahora queda Haaguen Dazs, o Ventolini o yo no se como se llama.
Cada vez que voy a Popayán, y quiero comerme un helado y Benji, mi sobrino, elige ese lugar, la imagen de ella, la madre, tratando de salvar a sus hijas lanzándolas por la ventana mientras ella moría entre ruinas, regresa a mi cabeza.
Como si lo hubiera visto!
Las mellizas tenían mi edad y sabrá Dios quien las crió.
La otra vez, sin embargo, vi a una de ellas y ya era toda una mujer.
Recuerdo, como si fuera ayer, esa mañana de aquel viernes santo… mis hermanas, Juli y toto, y yo, nos levantamos temprano para hacer unos pájaros de “Armotodo” y los colgamos del segundo piso de la parte trasera de nuestra casa. -Armotodo era el lego de los pobres o el lego de aquella época o el lego payanes o todas las anteriores-.
Empezamos a tirarlos de un lado a otro mientras mi madre nos afanaba para ir a desayunar y a rezar a la Catedral.
Depronto todo cambio, los pájaros de armotodo, empezaron a volar con su propia dirección, como si Dios les hubiera dado vida y albedrío propio y, así mismo, empezamos a ver caer las tejas de mi casa soleada y hermosa y, a chispita ladrar; como lo recuerdo!
Los gritos de mi madre cambiaron y empezaron a volverse aullidos de hembra, de madre, y comenzamos a oír a mi padre exclamar desesperado que fuéramos al arco: “al arco, al arco, al arco!!!” Recuerdo...
Todos terminamos bajo el segundo arco de mi casa, después de la entrada y el primer patio.
Asustados,
impresionados,
horrorizados.
Después, cuando todo habría pasado, saldríamos y prenderíamos la radio de dos pilas grandes que mi padre guardaba en su mesa de noche para oír las noticias.
Con voz gruesa de hombre - “Ultimo minuto, ultimo minuto, un terremoto de 6.5 grados en la escala de Ritcher sacudió a Popayán. La cúpula de la Catedral cayo desplomada y murieron ahí mas de 90 personas” – Como olvidarlo.
Mi padre entonces apago las noticias.
Durante los siguientes días, Juli, toto y yo, dormimos en el carro.
Al tercer día nos mandaron para Cali a donde mi abuela, pues mis padres tendrían que quedarse en Popayán porque mi madre era la enfermera jefe del hospital y mi padre era un líder político del Cauca.
-Abandono total- Eso era lo que yo sentía.
---Que sentirían las mellizas después de perder a su madre para siempre?
Mis padres vinieron a recogernos un par de semanas después de la tormenta.
Brava, pero feliz, monte en el carro para regresar a nuestro hogar, después de todo, a nuestro hogar no le habría pasado nada, como si le sucedió a mas de 6.000 hogares payaneses.
Luego de mucho tiempo, mi madre renuncio a su cargo para convertirse en profesora de la Universidad y así asegurarse que estaría lejos de cualquier tragedia similar, y que si algún día tenia que enfrentarla, podría llevarse a sus hijas sin que nada la detuviese.
Y la lastima lleno mi corazón.
Nunca dije nada, pero ese fue el sentimiento mas imponente que hasta ese momento habría sentido mi alma.
Ese horrible sentimiento de lastima y dolor ajeno, ese nauseabundo sentimiento, desagradable en realidad…
“Que sientes?”
“Lastima”--- Eso pensaba...
Lastima --- insípida emoción de sentir como le duele al prójimo algo que uno ni se imagina.
Siempre que veía a las mellizas en el colegio, eso era lo que yo sentía. Lastima, pesar... aunque pesar se oye muy bonito.
Tenia 6 años entonces y ya sabia lo que era la lastima.
Por eso, y porque tengo amigos queridos de la vida en Japón, me toco el corazón.
Y alerta! por que en alerta estamos todos por tanta contaminación y tantos sunamis que, en un dos por tres, nos borrarían de faz de la tierra.
Se que es importantísimo todo lo que les he contado hasta ahora y esto puede desviar lo que escribo a algo diferente, pero no lo creo... ayer, toco mi corazón algo mas, conmovió mi corazón algo mas… y dije “si” a algo mas... y... tengo un miedo rarísimo, que se refleja en un sueño:
“veo a un hombre, en calzoncillos, como el espeluznante hombre de las nieves de vacaciones, que viene a decirme que publicitar estas tragedias, o batallas y estos dolores personales, no es tan importante o es menos importante, que publicitar un affaire imaginario con una pobre lechuza loca”… y me despierto, asustada, con un miedo escalofriante, como subiendo escalones bajo menos tres grados centígrados, así de friante, como de cuento de terror con casa encantada, que no lo puedo describir…
Y a veces pienso que algo mas, depronto puede ser algo menos.
Miedo... miedo a una patada que podria ser el arma mortal de un asesino.
Ese temor a encontrarme con el espeluznante hombre de las nieves....
Entienden mi terror? Yo no!
Ya no mas! necesito verlo y hablarle... si, al hombre de las nieves... para descubrir que no es tan espeluznante. ---- que el cielo asi lo quiera ----
En fin…
El punto es que de ahí, en adelante, mi vida estuvo llena de creencias extrañas sobre cuando temblaría… y quien sabe, cuando se repetiría, Dios no lo quiera jamás, el evento del que mi madre huía. El terremoto de 1983.
“cuando las vacas y los caballos se acuestan, va a temblar”
“cuando las cucarachas se alborotan, va a temblar”
“cuando el cielo no tiene nubes”, y esto lo decía mi abuelita, “va a temblar”
“cuando la luna no se ve, va a temblar”
Y efectivamente, entre temblores crecí y aquí estoy.
6 años y la lastima, lleno mi corazón.
Con Japón, hoy me fui a comer un helado a ese lugar de mi recuerdo…